Dicen que existen las mujeres mágicas. Son mujeres con el pelo largo y blanco, que saben pronunciar palabras que nos curan del dolor y de la angustia, mujeres que tiran una piedra para que nazca una mariposa en la esquina de su habitación. Creo haber conocido a una así. No tiene el pelo blanco, lo tiene rubio y corto, lleno de estrellas.
Su casa se encuentra casi en la última calle de una ciudad muy lejana y, algunos dirían, demasiado pequeña. La casa es muy vieja, pero conserva algo de su gloria.
La puerta de entrada es blanca, con mucha corrosión alrededor de la cerradura. Ella cierra la puerta simplemente poniendo una barra de metal gruesa entre las paredes, sin usar ningún tipo de llave ya que me parece que la cerradura no funciona desde hace mucho tiempo. En el mundo de la brujería, la cerradura es muy importante porque nos abre la puerta hacía el conocimiento, la abundancia o cualquier tipo de magia. Las llaves de las cerraduras tienen una carga simbólica porque representan la responsabilidad. También, las llaves representan todo lo que tenemos que abrir y dejar pendiente. Todos tenemos unas llaves dentro de nuestro ser para abrir o sellar nuestra energía, dependiendo de la situación y la gente que nos rodea. Por eso siempre me quedo un poco confusa al ver que ella nunca ha reparado la cerradura ni ha puesto ningún esfuerzo en cambiar la cerradura. Más aún cuando en la pared de su trastero en el jardín veo un cordón rojo, colgado en un clavo, lleno de varios tipos de llaves, amontonadas como unas uvas de metal.
La casa tiene un jardín tremendo que está dividido en dos partes. La primera parte de jardín pertenece a la casa. Ahí se encuentra un nogal europeo que da unas nueces enormes con una cáscara tan dura que a veces la rompemos con un martillo en vez de usar un cascanueces. Al lado de la puerta que lleva a la casa se encuentran unas escaleras simples, sin ninguna valla. Las escaleras llevan hasta la buhardilla. Ahora, yo nunca he visitado su buhardilla. Creo que sería algo raro incluso para ella pedirle algo así, más aún sabiendo que ya varias veces me comentó el miedo que le daba esa misma buhardilla desde que era muy pequeña. Supongo que ahora no le da miedo. Supongo que a una mujer que vive sola desde hace muchos años nada le da miedo.
Debajo del nogal crecen muchas plantas que han luchado para sobrevivir en ese paraíso lleno de abejas y mariposas, mosquitos y todo tipo de bichos. Hay por supuesto unos arbustos de melisa, romero, albahaca, tomillo, planta gatera y algunas plantas que no he visto nunca antes y que una vez me parecieron que chillaban mientras nos tomábamos un té en el jardín.
Teniendo en cuenta que la puerta de la buhardilla es de madera muy antigua y que las escaleras que llevan hasta la misma puerta están repletas de tiestos y plantas, esa primera parte del jardín tiene un aspecto medieval.
La segunda parte del jardín está separada del resto de la casa por una valla de palets. Esa parte es mi favorita en verano ya que allí tengo el paso abierto para comer las frambuesas directamente del arbusto y de elegir dos o tres calabazas más coloridas y más vivas para llevármelas a casa.
Su casa es limpia y huele a añejo, nueces y a veces a madera, aunque no entiendo de dónde sale ese olor a madera. Es una casa muy fría en invierno y hay tardes en invierno cuando no siento los pies después de visitar a la mujer y su casa.
Ella nos hace el café siempre. Es un café espeso y fuerte, sin azúcar y sin leche. Así nos gusta a las dos. Su habitación es tan vacía y a la vez muy llena. No sé muy bien cómo explicar ese sentimiento ya que hay unos muebles muy antiguos, unos libros que se encuentran en el suelo y hay unos cuadros en la estantería que normalmente comentamos cuando no sabemos de qué hablar. Quiero decir que su casa no esta realmente vacía.
Lo más interesante es que ella no es consciente que es una bruja. Ni siquiera se da cuenta que realmente puede cambiar el camino de la gente que le visita. Y hay que admitir que hay ríos de gente que quieren, intentan y muchos consiguen visitarle. Le llaman por teléfono, le dejan unas notas debajo de la puerta, le piden directamente a ella entrar y hablar con ella. Ella ve los hechos y los ve de una manera tan clara que normalmente piensa que somos unos tontos y tristes que no entienden los eventos futuros tan obvios para ella. Sí, es orgullosa. Por lo menos entiende y acepta que es una mujer extraordinariamente inteligente. Pero de la magia no se habla nunca de una manera abierta. La magia es una manzana que se cae del árbol en su jardín. Es un fruto que le pertenece a la naturaleza y al universo.
Bueno, yo soy una invitada bastante especial en su casa, diría yo. Cuando voy y cuando estoy invitada, no hay nunca nadie. A veces pienso que ella sale al jardín y asusta a todo el mundo con una escoba. Yo tengo mi tiempo con ella aunque no siempre está alegre conmigo. Hay tardes cuando es muy rancia y reacia y no le gustan ni mis ideas ni mis teorías. Aún así, hay tardes donde enterramos juntas las últimas horas del atardecer y nos quedamos hablando hasta muy tarde por la noche y nos tomamos varios cafés. No entiendo de qué dependen nuestros diálogos, pero estoy segura que no me quiere siempre.
Lo más interesante es cuando me acompaña hasta la puerta blanca y hasta la calle. Normalmente es muy tarde, sobre la 1 o las 2 de la madrugada y entonces se ve todo el cielo y las estrellas de una manera como si lo estuviéramos viendo con una lupa. Es cuando ella comenta alguna constelación de una manera tan extraordinaria que se me olvida que me iba a casa y nos quedamos en su jardín media hora más aunque haga mucho frío.
Hay años cuando no le visito durante todo el año. Es cuando no estoy segura si ella realmente existe. Pero esos años se acaban y nosotras dos nos tomamos sus cafés espesos como si hubieran pasado sólo dos días desde la última visita. Creo que ella también a veces piensa que yo no existo en esta dimensión. Sólo por eso estoy segura que las dos somos unas brujas.

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