Había varias casas en el pueblo. Por ahí no pasaban los autobuses y no había ninguna carretera asfaltada.
El pueblo se llamaba Herradura debido a la cantidad de caballos que la gente del pueblo poseía. Los caballos se encontraban en unos establos enormes; corrían, relinchaban y se rozaban tirando las cabezas brillantes por un lado o por el otro. Me reflejaba en sus ojos oscuros, pasando al lado de ellos, en la búsqueda de una casa muy especial.
Anteriormente nunca había estado ahí. Prácticamente nunca había oído hablar del pueblo hasta que un día la Bruja del Norte me mandó ahí.
Este mes es el mes de las dos lunas llenas. La primera luna llena es el 1 de octubre y la segunda luna llena es el 31 de octubre. Este hecho es muy especial y aún más sabiendo que yo nací en octubre. Soy la hija del equinoccio.
La Bruja del Norte sabe que estoy en la búsqueda de las respuestas. Acudí a ella rogándola a que me ayudase. Se negó. Me hizo un té negro como el alquitrán y me mandó a casa.
La segunda vez me puse a llorar, pidiéndola a ayudarme a encontrar las respuestas. También se negó a ayudarme y me dijo que uno que busca las respuestas, las tiene que encontrar solo.
La tercera vez me dijo que sí había una única cosa con la que me podía ayudar y que me mandaría a Herradura. No tenía ni idea de qué me estaba hablando. Me puso otra taza de té negro como el alquitrán y me explicó que el pueblo de Herradura se encontraba a seis horas de autobús y luego a tres horas andando por el bosque o a seis por un camino que iba alrededor del mismo bosque. Le dije que seguramente iba a ir por el bosque.
Entonces sacó un papel manchado de café y me dibujó el mapa. En el autobús iría hasta el pueblo llamado Arce y después seguiría el mapa, hasta el pueblo. Tenía que buscar una casa. Era la única casa del pueblo que no tenía los caballos enfrente y que tenía cientos de pimientos colgados en las paredes secándose. Era la casa de Nani.
Nani por lo visto era su conocida, aunque no se habían conocido jamás. La Bruja del Norte me dijo que Nani me podía ayudar, pero solo si lo quisiera hacer.
"Si no te quiere ayudar, tienes que irte de ahí sin ninguna palabra."
Me explicó que lo mejor sería ir con las dos lunas llenas protegiéndome dentro del mes de mi nacimiento.
"Además, te va a gustar. Es un sitio precioso, los caballos corren por todos los lados y todo huele a pimiento rojo. De hecho, todo es de color rojo en otoño: los pimientos y las hojas, las castañas y la tortilla que la gente prepara con el pimentón."
Me quedé un poco confusa, no entendía cómo podía saber todo eso si nunca ha conocido a Nani. Quiere decir que ni ha estado en ese pueblo. Además, la Bruja del Norte no viajaba nunca físicamente, me lo dijo ella misma hace mucho. Claro, no le pregunté nada aunque ella tenía la sonrisa de alguien que sabía muy bien que es lo que pensaba yo.
Y así fue. Me fui de nuestra ciudad en el autobús, viajé durante seis horas y le dije al conductor que me dejase salir al lado del nogal famoso que tenía cien años. Al lado del nogal, abrí el mapa de mi amiga, miré hacia el bosque y empecé a andar. Era un otoño jugoso, especialmente mágico y me parecía que el bosque olía a canela. Tenía que ir desde el nogal todo recto hacia el este hasta una cabaña de piedra abandonada. La encontré fácilmente y me pareció preciosa y totalmente como si no fuera del siglo XXI.
A partir de ahí seguí un camino de tierra estrecho, en forma de serpiente y atravesé la parte del bosque muy oscuro hasta llegar al borde del mismo bosque. De ahí solo era bajar por una colina-pradera y ya estaba en Herradura.
Todo lo que dijo la Bruja del Norte era cierto, la explicación era exacta hasta el último detalle y el dibujo del mapa era increíblemente preciso. Estaba segura que ella también en algún momento había estado aquí, de algún modo.
No tardé mucho en encontrar la casa de Nani. Era la única casa totalmente cubierta con unas cuerdas con los pimientos rojos secándose y enfrente no había caballos, solo un huerto con muchos pimientos y con calabazas de todos tamaños y formas posibles e imposibles. Realmente todo era de color rojo y naranja y olía a pimiento y toda la casa tenía un aspecto magistral y muy rural.
Pasé por el jardín y llegué hasta la puerta. Antes incluso de llamar, alguien abrió la puerta. Era Nani, una mujer muy baja de piel oscura y de ojos de gato, verdes oscuros. Llevaba media melena y unos flequillos y parecía bastante arreglada para alguien que vivía tan lejos de la civilización.
"Qué quieres?"
"Me manda la Bruja del Norte."
Se quedó callada y me observó con cuidado. Había algo picante en ella. Algo bastante salvaje.
Estuvimos calladas unos minutos así y yo conseguí oír cómo crecían las calabazas.
"Crecen rápido las calabazas", dije.
"Es su trabajo" y me dejó pasar dentro.
La casa por dentro era aún más bonita, con el suelo de madera maciza y con muebles de madera gruesa. Nos sentamos en la cocina, en una mesa larguísima. Estaba bastante oscura y ella encendió una vela. Me echó un poco de licor de calabaza y estuvimos así sentadas un rato.
"Qué quieres?"
"Busco las respuestas. No sé cómo seguir."
Se calló de nuevo. Pensé que era una mujer muy bella de una edad que no se podía ni suponer. No era para nada como la Bruja del Norte. Físicamente era mucho más embrujadora.
"Por qué no lo buscas sola?"
"Lo intenté, no lo consigo."
Otra vez nos quedamos calladas.
"Qué estupidez."
"Sí", respondí.
Me echó un poco más de licor.
"Tú eres del equinoccio?"
"Sí."
"Y cuántos cumples?"
"Treinta y tres."
"Qué interesante. Justo para el mes de dos lunas llenas."
No dije nada.
"Pues vaya una tristeza que llevas."
Otra vez no respondí nada, pero ahora me di cuenta que ella estuvo mirando unas alubias que tenía en la mesa.
"Dile a la Bruja del Norte que siempre me sorprende. Dile que el bosque ahora huele a canela."
"Se lo diré."
"Sois amigas?"
"Creo que sí."
Otra vez nos callamos.
Entonces se levantó e hizo la cama en el salón. Dejó la vela puesta y se fue al dormitorio.
Yo me quedé sola. Supuse que la cama era para mi. Me quité la ropa, dejé la vela puesta y me metí en la cama que era calentita por los huesos de cereza. Dormí muy profundamente por el viaje y por andar tanto. Me desperté con la primera luz. La vela se gastó y hacía mucho frío por la mañana. Al lado de la cama encontré un sacó de algodón y una calabaza enana. Nani ya se había ido, el dormitorio estaba abierto. En el saco encontré una piedra. La froté y pude notar una especie de electricidad en la mano. Hice la cama, cogí mi bolso y salí al jardín. Cerré bien la puerta y observé los pimientos en las paredes. Eran unos pimientos brillantes y muy picantes.
Supuse que eso era todo. Salí al camino, me despedí de los caballos y subí hasta el bosque. Al darme la vuelta, dije:
"Gracias, Nani."
Empezó a soplar el viento y había una llovizna suave, pero los árboles me protegían. Sin parar frotaba la piedra. Ya sabía que con las dos lunas llenas en el mes en el que nací y con la piedra de Nani, iba a conseguir la respuesta.
El otoño vino con toda la fuerza junto con treinta y tres años.


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