Últimamente he podido notar que mis poderes aumentaron, se hicieron más solidos y estables. No hay muchas maneras de concluir algo así. Un concepto como el desarrollo de poderes lo puede entender solo alguien que también es bruja.
Normalmente el aumento comienza con unos eventos simples y sutiles. Es como si se abriesen los mundos paralelos solo para ti, como si tú pudieses atravesar una puerta que solo ves tú mientras que el resto de la gente ni lo ve ni sabe que esas puertas existen.
Es estar en el metro lleno de pasajeros, decenas de personas alrededor tuyo. Estás leyendo un libro, totalmente aislado en tu mente y, de repente, subes la cabeza y miras directamente hacia una persona, a 7 metros de ti, que te está observando fijamente. El flujo de la energía. Una vena de la energía. Estar consciente en cada momento de todas las venas.
También, es hablar con los animales. Hablar con los animales se puede solo si ellos mismos vienen y te hablan. No puedes acceder tú primero e intentar hablarles. Es un reino lejano donde el idioma no viene de dos lados sino de un lado. Ellos hablan y tú escuchas.
Si un animal o un grupo de los animales se te acerca, es porque ellos saben que tú entiendes. ¿Cómo lo saben? No estoy segura. Puede ser que ellos igualmente notan el flujo de la energía y siguiendo las venas, llegan hasta tu ser.
Después de usar el espejo, sabes lo que va a pasar. No ves el futuro. Es al revés, el futuro te ve a ti. Estás tan consciente del pulso del planeta que sabes exactamente cuándo va sobresaltar.
El mundo de la magia es inefable. Es un mundo que se abre con el conocimiento y con la profundidad de tus poderes. Con la magia, ya nunca más estarás solo. Con la magia, cada vez menos echas de menos hablar con la gente. La magia es infinita y llena de niveles. No existe el objetivo final. Es un viaje que sigue hasta el final de la vida. Un viaje donde nada del mundo ordinario te puede sorprender, porque has visto más allá y más profundamente.
Hice un conjuro muy complejo. Las palabras del conjuro se escribieron solas con la ayuda de cuatro elementos. Yo no tengo deidades. Mis dioses son la tierra, el agua, el fuego y el aire. Mis dioses son la Luna y el Sol. Yo hablo directamente con el universo.
La vida ha querido así y siempre me ha llevado a alguna ciudad donde hay un río. El agua lleva mis palabras y las pasa al otro lado, por esa puerta invisible.
La última vez cuando hice ese conjuro tan complejo, la llama subía y bajaba del vaso durante mucho tiempo, se dividía en dos lenguas, cambiaba de color. La grulla, el ganso del Nilo, la garceta y dos lavanderas se lo llevaron a lo largo del río. Fue un conjuro tan completo y limpio que incluso las tortugas lo notaron.
La Bruja del Norte dice que es más difícil hablar con plantas. Las plantas son más tímidas y mucho más lentas. El mundo de las plantas es lento y más sutil que el de los animales. La Bruja del Norte sabe hablar mucho mejor con las plantas.
Me acuerdo cuando le visité hace unos años. Ella se encontraba dentro de una burbuja en el centro de la huerta. Era una burbuja fina, pero se parecía increíblemente a una calabaza. La Bruja del Norte tenía los ojos cerrados y su pelo largo y rubio suelto encima de los hombros. Lo tiene como un río rubio.
Estaba sentada en el suelo, llena de barro, con la piernas dobladas. Abría y cerraba los labios. Al principio no le pude entender nada, por lo tanto me conecté con la tierra. Solté las raíces y me hundí. El barro era caliente y, de una manera inconcebible, era limpio. Entonces, le oí de alguna manera, como si estuviese gritando.
"Terra, radix, vena."
De repente, me encontré dentro de la calabaza, entre las venas de la calabaza, aplastada por las semillas y podía oír el jugo de la calabaza. Era una calabaza muy pequeña, o así me parecía, y resonaba terra, radix, vena, terra, radix,vena... Ya no era la voz de la Bruja del Norte, no era ningún idioma conocido. Simplemente era un murmullo que significaba terra, radix, vena. Aplastada por las semillas, entendí que era el idioma de las plantas, un idioma jugoso, que se balbucea y murmura, que es muy lento. Pude observar el gato de la Bruja, que entró con nosotras y se sentó encima de la pulpa del centro de la calabaza. No puedo decir cuánto tiempo estuvimos así. El tiempo en el mundo de las plantas es tan diferente que mi mente no lo pudo comprender.
Al final, la calabaza explotó, se esparció en trocitos pequeños que se encontraban en el suelo, alrededor de mi, del gato y de la Bruja. Estuvimos llenas de barro ella y yo, pero el gato se veía pulcro. Se me acercó y maulló.
"Lo has visto?"
"Sí."
"Anocheció", dijo.
Nos quedamos sentadas durante unos momentos. Ella estuvo agotada.
"¿Quieres un té?", le pregunte.
En mi mente, le oí decir:
"Sí, de la raíz. Lo tengo en la cocina."
Nos levantamos. Yo cogí el gato y entramos en la casa.

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