Decido resolver los asuntos que me molestan y no me dejan respirar libremente. Decido escribir unas cuantas líneas en el cuaderno y pronunciarlo en voz baja.
Cuando decides resolver, tienes que desatar los nudos en la mente. Los nudos son adecuados para la magia cargada con intención y energía. Los nudos funcionan bien hasta que los tengas en la mente.
Los nudos de la mente se hacen solos, sin darte cuenta. Se suelen crear en las mentes rápidas, resolutivas, vivas, ansiadas. Se crean también en la mente de las brujas.
¿Cómo así? Pues, nadie lo sabe. Por lo menos, yo no he encontrado ninguna explicación. Mi mente es obsesiva y le gusta repetir muchas veces una misma acción o o un mismo conjuro. A veces mis conjuros no sobreviven por eso, porque los amaso tanto que los aplasto.
Barro. Sin embargo, no barro de vez en cuando. Barro repetitivamente con mucha energía y, si no lo hago, me inquieto. A pesar de todo eso, no me importa cuando se me quita el calcetín y tengo medio pie descalzo. Ni me importa tener cera durante mucho tiempo en el cuenco y no enterrarla durante mucho tiempo. No, todo eso no me importa. Claro, los nudos mentales no salen de ahí. Ellos se atan barriendo y repitiendo una y otra vez. Los nudos se apoderan de ti también con el miedo, ese miedo que lo tienes guardado en el armario. Los armarios y las esquinas son malos, hay que airearlos cada mes y limpiar el polvo, si no lo haces, el miedo se instala.
El mar ha sido picado, ha sido atormentado y me ha tragado varias veces llevándome todo hasta la mar alta. He vuelto. He vuelto porque sé muy bien que una vez me quede mucho tiempo lejos de la orilla, no hay vuelta atrás. Las sirenas son malísimas y me cantan y me hacen floja y me entra mucho deseo de dormirme. Es cuando te ahogas y empiezas a vivir con las algas y erizos, con los peces y las tortugas.
Las sirenas me conocen. La última vez hasta que me tocaron el pelo y una me intentó quitar mi anillo. Son malísimas, pero tienen esa voz que ata mis nudos fuertemente.
Los nudos mentales no se pueden destruir ni desatar cuando uno no tiene fuerza. Hay que esperar. Hay que acechar para que no se den cuenta.
Como soy una obsesa, suelo usarlo en mi magia. Repito la entrada al mar. Enciendo la vela y me quito los zapatos de casa. Me anclo a la tierra y entones comienza todo. Primero repito el conjuro varias veces sin temor y me suelto el pelo. Entones miro al mar, hasta donde me llega la vista, ahí donde se une el agua con el cielo. Respiro y aspiro y me apodero del mar aunque me desmaye, da igual, luego sigo. Lo hago picado , le remuevo el agua, le golpeo con el aire y hago la tierra temblar. Creo un terremoto. Y en la mitad de todo eso, entro al agua poco a poco.
Los nudos son resbaladizos y no les gusta el agua. Por eso mismo, entro poco a poco, para asustarlos y para mojarlos, para darles pánico. Y cuando ya el agua me lleva y me tira, con toda la voz que tengo, les grito:
"A desatarse!"
Me cuesta volver a la orilla, me cuesta desenvolverme de todas las algas y despegar las conchas. Da igual porque lo único que noto antes de abrir los ojos es una cuerda larga y floja, una cuerda limpia y ligera que no me hace daño y que me deja respirar libremente. Me deja ser libre. Me deja pensar y ser mi yo antigua, llena de vida.
Sigo barriendo con energía y respirando.


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