Ya no me acuerdo de los cactus
ni del sabor del pan caliente que compraba
a las 4 de la mañana
yendo a casa por el bosque de Zvezdara.
No me acuerdo ni del desierto
ni de los viajes largos en los que aprendí
a hablar con el espejo.
La casa en ruinas, la tierra que dio a luz,
la tierra seca y vacía.
Has sido tú el hijo que me cortó la tripa,
el que me hizo abandonar la palabra.
Estoy muda sin sílabas sin ayuda.
La
vida te deja a solas con la locura.

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