Con el nudo primero, el hechizo empiezo.
Me escuchas y rompes el silencio.
No te echas a correr.
Estamos en el Valle de la Muerte, me derrito en el sol.
Aquí puedo oírte, realmente verte a fondo.
Estás quemado, reventado, exprimido.
Con el nudo segundo, se realizará seguro.
Me lanzas unos ladrillos, unas sandías y unos pomelos.
Me alimentas con la tierra seca del Valle.
Las tres semillas germinan.
Todo el rojo y todo el amarillo se derrumban encima de mi cuerpo.
Con el nudo tercero, obtengo lo que deseo.
La habitación llena de lagartos que corren y comen los insectos.
Todos los bichos de la ciudad están con nosotros, ahora mismo y aquí,
nos observan y nos chupan.
Con el nudo cuarto, el poder guardo.
Desesperadamente necesito tumbarme en la tierra y olvidármelo todo.
Con el nudo quinto, doy vida al hechizo.
Hablamos en el idioma mágico que me ayuda huir de lo conocido.
Con el nudo sexto, afirmo que ya lo tengo.
El epicentro de la noche por fin se aclara
cuando cogemos la dirección de nuestras vidas.
Con el nudo séptimo, ocurrirá lo que pido.
Veo más lejos, veo detrás de ti todas las sombras que te hablan.
Veo en los sueños, recogemos manzanas del árbol.
Con el nudo octavo, el destino ato.
Me llevas al bosque, me desnudas y borras el pasado resinoso.
Así deberíamos vivir, la cabaña es solo nuestra.
Tú eres otra persona.
Yo soy más bruja.
Con el nudo noveno, el hechizo está hecho.

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