Silencio por Marina Zrnic©







"De modo que ella, sentada con los ojos cerrados, casi se creía en el país de las maravillas, aunque sabía que solo tenía que abrirlos para que todo se transformara en obtusa realidad."
Alicia en el país de las maravillas,
Lewis Carroll 

Todos los días estoy libre. Estoy libre para pasear en el silencio. A mí no me da miedo el silencio, me da consuelo, me salva. 
El bosque se abre enfrente de mí de una manera extravagante, sube sus faldas y me introduce al mundo suave, con el susurro de los petirrojos.
El mundo se hace más simple. 
Tengo un vestido viejo puesto y unas botas sucias, salpicadas de barro. El suelo huele a tierra después de la lluvia y mientras camino, paro de repente. Me pongo de cuclillas y empiezo a cavar un hoyo en la tierra, con mis manos y uñas. La tierra se mete suavemente entre la piel y las uñas, tan simple y bella. 
No hay miedo a que me vean porque no hay nadie, estoy completamente sola y no echo de menos a nadie.
Entierro el papel y las cenizas. Ahora ya da igual como se mueve el mundo y como se mueve el planeta. Conozco bien el vacío que deja el silencio y lo jugoso que puede ser estar sólo. 
En el camino encuentro muchas nueces, unas cuantas bellotas y flores, hojas, insectos. Encima de mí flotan nubes moradas y se alejan, hacía el horizonte. Tengo las manos sucias y el vestido roto.
El silencio no existe aquí para romperlo. El mundo es un continuo ruido de las palabras vacías.
Mi piel está quemada y me salen pecas, me pica la cara entera. Noto que está viva, que se podría arrancar de mí y echar a correr.
Los árboles se mueven por el aire y me dicen que viene la lluvia, todo huele a lluvia. Llueve cada día y sopla el aire. Aquí sólo la naturaleza puede romper el silencio. Encuentro un pájaro muerto al lado del camino, descabezado. Silencioso.
La cabaña está en el borde del bosque. Está muy limpia y el suelo está hecho de madera. En la mesa hay café y vino. Queda algo de queso curado y un cuchillo. Las paredes están recién pintadas de blanco y hay muchas plantas secándose en el suelo. 
El interior de mi ser está lleno de mariposas. Me muevo por la cabaña con mucha calidez y de vez en cuando me acuerdo que existen los idiomas, que se pueden pronunciar y gritar y susurrar. Pero aún así, evito hacerlo. Hablo de tantas maneras aquí, que no me hace falta acordarme de las palabras.
Por la noche el cielo es tan profundo, que tengo miedo que me tragará, con la cabaña y mis plantas. 
No me gusta comer conejo, así que sólo como aves y hago estofados con alubias y patatas de mi jardín pequeñito. 
Tengo un gato que aparece y desaparece cuando él lo decide. Nos queremos mucho y a veces por la noche, el viene a mi cama y duerme a mí lado. 
Se destruye el silencio en este planeta y no hay quien nos salve. Por eso huyo y no vuelvo jamás. Sólo hay un camino para la gente como yo. Ese camino está lejos de otros. Y muy cerca de nadie.
Sólo tengo que abrir los ojos.

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