Boki y Mina, un cuento escrito por Marina Zrnic©

https://unsplash.com/@anniespratt

Ya vamos corriendo al jardín de su abuela, que tiene los ojos negros como dos botones. El jardín es exactamente como me acuerdo del año pasado, lleno de plantas que se parecen una red extendida por el suelo. Normalmente debajo de las raíces, se encuentran objetos olvidados que nos esperan desde el año pasado.

Boki entra por la terraza en la casa, me lleva de la mano. Su padre entra con las maletas hasta una de las habitaciones. Ella abre la cremallera de su maleta. Sus cosas siempre están perfectamente ordenadas y dobladas y huelen a limpio. Hacemos lo de siempre. Yo me siento en la cama y ella se hace la ocupada, saca la ropa y la coloca en la mesa. Nunca le pregunto por qué no lo coloca en un armario. Al ordenar la ropa, saca la maleta con los juguetes. Esa es la parte más interesante. Tiene dos tipos de juguetes. Unos son para la piscina. Otros son los caballos, cuadernos y bolis.

Boki es mayor que yo y desde ahora tengo que cuidar como hablo.

Con Boki, su familia y la mía paso días, semanas, meses en la piscina. Boki sabe nadar mejor que yo, incluso sabe bucear sin mantener la nariz taponada. Sin embargo, las dos tenemos el permiso de entrar a la piscina olímpica que es muy profunda. El reto normalmente consiste en bucear y conseguir sentarse en el suelo y mantenerse así unos segundos. Normalmente lo conseguimos las dos, lo único que Boki nada con más gracia y tiene el pelo largo que flota alrededor de ella. Nuestro dibujo favorito es La Sirenita. Cada verano lo vemos millones de veces en mi casa porque sólo ahí tenemos el VHS. Yo tengo todos los dibujos de Disney porque mi tía tiene un video club y me regala cada poco una cinta de video. Claro, hemos visto todos los dibujos también juntas, pero ninguno es tan importante como La Sirenita. Incluso Sara está obsesionada con la Sirenita. Cuando estamos en la piscina, obligatoriamente jugamos a ser la Sirenita y salimos del agua tirando los pelos por todos los lados. Boki tiene el pelo largo, por eso sale muy parecida a la Sirenita. Yo tengo el pelo corto y rubio. Sin embargo, tengo los ojos claros, a veces verdes y a veces azules, que es más parecido a la Sirenita que Boki con sus ojos oscuros. Ninguna gana con el color del pelo, no tenemos el pelo rojo.

En mi ciudad hay cortes de luz cada poco. Tenemos un ritual totalmente desarrollado para esa situación ya que lo dibujos no se pueden ver sin la luz. Es un ritual para llamar la luz. Sara dice que lo vio de los indígenas de América. Lo más importante es que estemos las tres juntas en la misma habitación. Todo el mundo sabe que el número tres es un número mágico y poderoso. Nos ponemos en un círculo, nos cogemos de manos, cerramos los ojos y repetimos:

La luz vuelve a esta casa, la luz vuelve a esta calle. Cada una de las tres sabe que es un cable.”

Eso del cable lo inventé yo sabiendo que la electricidad la instaló mi abuelo en las dos casas y eso nos daba los poderes especiales. Normalmente la luz vuelve con este ritual y seguimos viendo el dibujo. Sabemos todas las frases de memoria de La Sirenita.


IV



La buhardilla de mi casa es un sitio de los más especiales que nos une a Boki y a mí. La buhardilla realmente da miedo y ahí no me atrevo a ir sin ella, ni ella se atreve a subir sola sin mí. En las situaciones extremas estamos unidas y no se nota para nada que ella es mayor que yo.

La buhardilla se extiende por todos los lados de la casa, tiene su propia vida y su propia voz. Si subimos, subimos con mucho respeto. Allí no hay bromitas ni sonrisas ni risillas.

Hay unas puertas muy antiguas que primero hay que abrir muy despacio porque chirrían demasiado y de esa manera nos podemos delatar. La subida a la buhardilla de mi casa está prohibida. Eso no significa nada, Boki y yo tenemos un pacto que dice que donde más miedo nos da ir, iremos primero ahí. Las dos. Nada de eso que una espera mientras que la otra va y ese tipo de cosas.

El primer susto siempre está al principio. Tenemos que meternos rápidamente para dentro, sentarnos en las escaleras de madera que suben directamente hasta la buhardilla y cerrar las puertas detrás, para que nadie se diera cuenta que nos fuimos para arriba. En las escaleras hay poca luz que llega del techo de tres o cuatro tejas que cambió alguien y puso unas transparentes. Puede ser que incluso lo hizo el señor ese alemán que construyó la casa.

Después de ese primer paso, tenemos que respirar un poco y escuchar si viene alguien y si nos habían descubierto. No se puede admitir que estamos respirando profundamente porque estamos asustadas. Luego vamos una detrás de la otra subiendo por las escaleras llenas de un polvo muy muy muy fino y de color marrón oscuro. Las escaleras son empinadas tanto que a veces me pregunto cómo no nos caemos para atrás. Dice mi abuelo que así se hacían antes las escaleras, para que los niños no pudieran subir. Seguro que sí, pero aun así se puede subir hasta la buhardilla.

Hay muchos hechos extraordinarios en esa buhardilla. Por ejemplo, las capas de ese polvo marrón oscuro en el suelo. ¿De dónde vino ese polvo? No lo hay en ninguna otra parte de mi casa.

Hay una regla entre nosotras dos. Eres el líder de la investigación si la investigación se desarrolla en tu casa. Entonces, vas primero y tomas más riesgo. En la casa de la abuela de Boki, ella nos lleva y me enseña todo. Claro, en mi casa quedo siempre peor porque en mi casa uno nunca sabe qué puede encontrar y qué puede saltar por aquí. Mi casa es mucho más misteriosa por dentro mientras que la de su abuela es más misteriosa por fuera, en el jardín y en los trasteros.

En la buhardilla hay varias habitaciones y apartados, barreras en el suelo, muebles de mi bisabuela, columnas con una decoración rara, baúles, bicicletas de mi bisabuelo, fotos de hace 100 años, libros de hace mil años, ropa, cajas de madera, armarios, plantas secas, pájaros disecados con ojos de plástico… La habitación que más miedo nos da es desde la que se ve la casa de la abuela de Boki, en el otro lado de la calle. Allí hay un carrito de bebé con unas ruedas enormes, todo hecho de madera. Nunca habíamos visto un carrito así antes.

Tiene que tener por lo menos cien años”, dice Boki.

O más. Esta casa lleva aquí desde 1932,” respondo con seguridad.

Entramos donde el carrito?”, pregunta Boki.

No sé qué puedo responder. Dentro hay un baúl aterrador, con las cosas de mi bisabuela: plantas secas, pañuelos con iniciales, notas, fotos con las caras que se me graban en la mente. Hay un muñeco que ni me atrevo tocar…

Creo que es mejor ir hasta la esquina oscura.”

Crees que podemos encontrar algo ahí?”

Boki, siempre encontramos algo ahí. Pero no puede ser pesado.”

La esquina oscura está en la otra punta de la buhardilla y hay que atravesar varias partes, incluso pasar entre las dos paredes demasiado estrechas que nos cortan la vista por unos momentos. Después de pasar entre las dos paredes, hay que pasar al lado de más baúles y unos armarios medio abiertos que no nos atrevemos abrir totalmente.

En la esquina oscura, Boki para, me suelta la mano y dice:

Hay algo aquí. Son unos ángeles.”

Me asusto tanto que tengo ganas de llorar, pero me sostengo. Algo así me marcaría para siempre.

En esa maldita esquina hay una torre de cosas y no se ve nada y siempre parece que hay alguien en la sombra.

Boki mete la mano entre todo lo que hay, saca algo y se echa a correr y yo detrás de ella. Ya estamos sin el aire, asustadas, polvorientas. Llegamos hasta las escaleras. Ahí no podemos correr porque es demasiado empinado, hay que bajar despacio. No consigo ver lo que Boki tiene en la mano, me muero por saberlo ya, pero hay que salir de aquí, hay que escaparse. Además, hay que escaparse sin ser visto al salir de las escaleras de la buhardilla.

La operación sale perfectamente. Salimos de las escaleras y cerramos la puerta justo antes de que venga mi padre con algunas cajas de leña, yendo para el garaje.

¿Mina, Boki? ¿Qué hacéis ahí?”

Nada.”

No le despertamos ninguna duda, aunque estamos totalmente untadas en el polvo espeso de la buhardilla.

Boki sale corriendo de mi casa y yo detrás de ella. Vamos corriendo a la casa de su abuela, hasta nuestro escondite, al fondo del jardín, en un trastero. Eso lo llamamos “Casa segura”, aunque no tiene nada de seguro dentro, menos unas escobas, una mesa de madera y unas sillas que trajo Boki. Nos sentamos. Estoy enfadada porque ella fue el líder en mi casa, pero ya es tarde y no se puede decir nada.

Boki saca del bolsillo algo inesperadamente misterioso y mágico: un tiesto enano con dos cabezas de niños ángeles saliendo. Puede ser un tiesto enano, si la planta es como mi dedo pequeño. También, puede ser algo para los pendientes o anillos. Boki me lo entrega. No me lo esperaba, pensaba que se lo iba a quedar. Al final y al cabo, ella se atrevió sacarlo de ahí.

Si estás de acuerdo, podemos hacer un tesoro en mi jardín y enterrarlo debajo de la yedra. Ahí nunca nadie lo encontrará, solo tú y yo dentro de muchos años.”

Me encanta la idea. Decidimos ir guardando el tesoro en una caja vieja de madera y enterrarla antes de que se vaya Boki de vuelta a Belgrado, al final de verano.


V



Hay días cuando Boki y yo cogemos la bici y vamos al lago. Esas escapadas también son ilegales y requieren mucha preparación. Siempre tenemos que inventar la razón por la que vamos en la bici. Entonces, normalmente decimos que nos vamos al mercadillo a comprar los chuches en la tienda estrambótica del señor Bigote.

El señor Bigote tiene una tienda dentro del mercadillo que se parece a una caja de gato. Es tan pequeña que a veces le llamamos La Caja de Elfo. El señor Bigote lleva unos bigotes extraordinarios y largos, de un color increíblemente oscuro. Boki está segura que él tiñe los bigotes con un tinte de bigotes. Le pregunté a mi padre si eso existe, ya que mi papá también lleva bigote. Dice no haber oído jamás de un tinte de bigotes. En cambio, el padre de Boki va a menudo a Francia, puede que allí exista un líquido así.

El señor Bigote siempre está sentado enfrente de su tienda, en una silla de tijera enana, de niños. Está acurrucado y, de alguna manera, resplandeciente. Se podría decir que es un hombre muy feliz y que nos espera a todos en su caja de chuches un poco emocionado.

En la tienda tiene todo lo que se pueda clasificar como el chuche, gominola, caramelo, chupachups, chocolatina, caramelo blando. Dentro te mareas de los colores, de los olores dulces y de las ganas de comerlo todo. Pueden encajar solo dos niños en la tienda o una persona mayor, excluyendo al señor Bigote porque él se pone detrás de la barra. Le conté a Boki lo que me había contado mi abuela, que él tiene la edad de mi abuela y que lleva 30 años con esa tienda. Además, nació en esa tienda, por lo visto, porque a su madre no le dio tiempo llegar al hospital, incluso ni le dio tiempo salir de la tienda. Nació con muchas ganas de chuches.

El único problema es que tienes que saber muy bien qué chuches están de moda ya que esos son frescos. Si pides algunos raros, pueden ser tan duros que mi abuela dice que los tiene de la época de su nacimiento.

Por alguna extraña razón, nuestras familias piensan que no corremos ningún tipo de riesgo si vamos en bici hasta el mercadillo, a la tienda de chuches. Lo ven perfectamente normal y común, no miran la hora cuando salimos ni nos dicen cuando tenemos que volver.

Normalmente lo mencionamos en nuestras casas la noche antes de partir. Pedimos también un poco de dinero y escondemos cada una un botellín de agua para el viaje.

Salimos muy pronto, en cuanto nos despertamos. Ponemos los caballos y el agua en las cestas delanteras en la bici y salimos rápidamente. A veces simulamos ir hacia el mercadillo y luego giramos a la derecha, hacia el lago. A veces ni nos molestamos. Los mayores siempre están ocupados y tienen muchos quehaceres si no trabajan.

El lago es un sitio mágico, de hadas y elfos y setas salvajes, tortugas de agua, juncos altísimos y patitos. Es un lago grande, salvaje, dejado. Se oye desde lejos por el coro de las ranas y grillos. Vuelan por ahí las mariposas, blancas y amarillas. Es un lago donde el tiempo no existe, nadie importa y donde el verano para mí no acaba jamás. Es nuestro verano, con la imaginación de Boki y mis ganas de seguirle. Aquí el sol quema con toda su fuerza y te puedes siempre esconder en el junco, si alguien viene, que rara vez pasa.

A mí me encanta saber que no deberíamos estar ahí, que lo tenemos prohibido. Por el otro lado, a Boki se le olvida eso en cuanto sale de su casa o de la mía. Ella se mete tanto en el juego con los caballos que no se acuerda ni en qué pueblo está. Yo no lo consigo eso, aunque juego con ella todos los juegos de caballos.

Hay un juego que le obsesiona en especial. Entre todos los caballos juguetes que tiene, hay uno que es su favorito. Es un caballo suave, aterciopelado, de color marrón y con la cola y orejas negros. De verdad es diferente del resto de los caballos, porque tiene la mirada distinta. Yo siempre elijo uno totalmente negro, que además parece ser el caballo más fuerte de toda la manada que tiene. El suyo se llama Babi. El mío se llama Embrujo y ese nombre le di yo, pero no estoy segura si ella lo usa cuando no está conmigo.

El juego lo inventó Boki y las reglas son estrictas. Las dos tenemos que ir galopeando por la mitad del lago por una franja de asfalto estrecha, una al lado de la otra y la primera que llega al final de la franja esconde su caballo mientras que la otra espera sola en el otro lado del lago, para no ver donde se ha escondido el caballo. Luego la otra tiene que buscar el caballo sin ninguna asistencia y no nos podemos ir del lago hasta que lo encuentre.

Mientras que corrimos por la franja, yo tengo demasiado miedo de caerme al agua. El agua del lago es asquerosa, negra, llena de plantas verdes y babosas y ranas y peces enormes. Yo sé que de ahí no me salvo. Sin embargo, Boki no enseña ningún miedo en la cara. Varias veces me había ganado y corrió más rápido hasta el final, pero yo también he ganado muchas veces y he aprendido fingir que no tengo miedo. El desafío aún más grande está en encontrar rápidamente el caballo en un lago enorme porque a veces pasan horas en la búsqueda de Babi o Embrujo y al final, al llegar a casa incluso nos pegan por perdernos tanto tiempo quién sabe por dónde.

Un día me tocó a mi buscar al Babi y no lo pude encontrar de ninguna manera. Pasó mucho tiempo y empezó a anochecer. Tenía mucha hambre y calor y quería irme a casa, pero Boki insistía en las reglas.

¿Alguna vez me habías ayudado tú a mí? Ya sabes las reglas del Busca al caballo, te lo he dicho muchas veces.”

Me miró con esa mirada suya diciendo: “No seas tan cría” y se dio la vuelta a jugar con los caballos, mojando al caballo gris en el lago y hablando con los juguetes.

Seguí buscando hasta que ya no veía nada. Me asusté mucho y despacio volví al sitio donde le dejé a Boki. A mi asombro, ella no se encontraba ahí. Ni ella ni los caballos.

Esa noche, cuando volví a casa, mi madre estaba histérica y mi padre me metió dos bofetadas. Me fui corriendo por el jardín a la casa de mi abuelo y me quedé con ellos durmiendo. Les conté todo y mi abuela me dijo:

Ya ves que amiga y que prima tienes tú. Piénsalo bien si quieres seguir siendo su amiga.”

Esa noche no pude dormirme y me pegué a mi abuelo todo lo que pude y supe que él estaría siempre ahí, pase lo que pase conmigo y con Boki. Era un hombre hecho de miel.


VI



Mi abuela es una mujer que no se deja comprender fácilmente. Yo a veces le quiero mucho y a veces le riño. A veces me parece que hay un universo en su mente, donde ella desaparece para descansar de su trabajo, de las cazuelas y de Deva, de la bici enorme de la que se cae a menudo, de los papeleos, documentos y juicios, de todas las cosas de la casa.

De vez en cuando me parece una mujer muy peculiar. Por ejemplo, pone las gomas elásticas que unen las cebollas del mercadillo en los dedos y las lleva así, como los anillos. A mi abuelo le vuelve loco porque lleva todos los papeles del trabajo en las bolsas de compra. Aún más le enfada ver que guarda los papeles importantes de la casa esparcidos por toda la casa, en bolsas, cajones, armarios y al final, nunca los puede encontrar. Creo que ella no se puede organizar en el sentido que le pide mi padre o mi abuelo, pero sí se organiza en su sentido. Dentro del caos que crea, ella trabaja, cocina, duerme, tiene los animales y cuida de mí.

Le gustan mucho nuestros gatos, nuestros perros y la nata montada de chocolate. Es algo que solo ella y yo hacemos cuando me pongo a llorar o estoy triste. Hacemos una nata de chocolate y la comemos a cucharas. También, hacemos crepes en formas de animales. En esas ocasiones, me deja asistir y preparar la masa de las crepes y mirar como las hace en la sartén. A veces me hace unos bollos esponjosos en el aceite que luego untamos con mermelada.

Le encanta apoyarme cuando me rebelo y no quiero poner la ropa que preparó mi mamá para el cole. Ella me apoya y el abuelo me apoya, siempre diciéndome:

Tú eliges la ropa que te pones.”

En realidad, ellos entienden bien mi rebeldía, lo único que mi abuela lo entiende mucho mejor. Solo porque ella lo hace todo a su manera.

De igual forma, mi abuela odia a su manera. Y odia fuertemente. Siempre ríe mi abuelo cuando me dice:

Tenemos que evitar que tu abuela nos odie. Todos a los que ella odia, acaban mal. Muy mal.”

En esa frase, conociéndole a mi abuela, reconozco sus poderes. Ella tiene unos poderes que no sabe controlar y por eso mismo, los demás, a los que ella odia, acaban mal.

Yo desde que me acuerdo de mí, no quiero ir a dormir y no me apetece dormir. Puedo estar despierta hasta muy tarde y levantarme con los gallos. Podría estar despierta para siempre y me pongo nerviosa cuando alguien a mi lado está cansado. Mis padres no soportan esa característica mía, pero mis abuelos me aguantan. Hay días cuando mi abuela y yo preparamos la sopa por la noche o un pudin. Hay días cuando mi abuela y yo somos buenas amigas.

Esa frase que me dijo mi abuela sobre Boki empezó a resonar en mi mente. Empecé a dudar en Boki y en nuestra relación. Mi abuela tiene unas opiniones fuertes sobre la gente y parece saber de qué habla. Ella parece saber ver lo que hay dentro de la gente. Aun así, no creo que Boki sea mala. Más bien, se quiere mucho a sí misma.

Cuando la vi, el día después de su desaparición del lago, estuvo en la esquina de mi casa, mirándome. Yo me encontraba enfrente de mi puerta principal y la estuve observando. Ninguna se movía. Ninguna dijo nada. Ella llevaba un mono rojo con unos lazos azules en los tirantes y el pelo recogido. Yo llevaba mi camiseta favorita de La Sirenita y una falda de tul. En las manos Boki tenía a Babi y Embrujo.

Se acercó a mí.

Tengo un plan”, le dije.


VII



Ese día fue agotador y pasamos mucho tiempo desarrollando el plan. La idea era escaparnos por la noche, robar unas linternas de mi casa y pasar la noche en el lago, observar las estrellas e intentar comunicarnos con las hadas del lago. Se decía que las hadas del lago solo salían por la noche y que jamás deberías aceptar regalos de ellas porque de esa manera atrapaban a los humanos dentro de su mundo. Boki me dijo además que ellas cantaban muy bajito y que solo la gente especial las podía oír, pero que también te podías volver loco escuchándoles.

Cuando anocheció, les dije a mis padres que iba a dormir en la casa de los abuelos. A mis abuelos les dije que estaba cansada y que quería acostarme antes. Me miraron espantados y mi abuelo me midió la temperatura, pensando que me pasaba algo. Cierto es, me pasaba que la idea sola de encontrarnos en el lago por la noche, me daba miedo. Pero ya no había vuelta atrás. Mis abuelos se durmieron rápidamente, roncando felices después de una cena ligera y un partido de fútbol que vieron en la tele. Me escabullí de la cama, descalza caminé por el pasillo hasta el trastero en la cocina, cogí las dos linternas de un armario que olía a roble y nueces, cogí una manta, me puse las botas para la lluvia y salí por la puerta al jardín, intentando no hacer mucho ruido, aunque daba un poco igual porque mis abuelos estaban muy dormidos.

La puerta de calle se abre con un tornillo y automáticamente se atranca al cerrarla si no se bloquea ese tornillo. Al encontrarme en la calle, ya sabía que no había vuelta atrás ya que no tenía las llaves. También sabía que la Boki me esperaba en la esquina ya que siempre mantenía su palabra. Y así fue. Me la encontré en la esquina, con una mochila rosa con lentejuelas. Igual que yo, llevaba una manta en la la cesta delantera de la bici y unas botas de lluvia. Hacía algo más fresco, la luna daba mucha luz, la luz nocturna de la calle se veía hasta el final de esa calle larga que llevaba hacía el lago. No había nadie en la calle, aunque se oía la gente sentada en sus jardines, bebiendo vino o comiendo con sus familias. Ya no tenía miedo, aunque sabía que mañana me iban a pegar seriamente por esto.

Al llegar cerca del lago, nos dimos cuenta que el lago se oye mucho más por la noche. Había susurros en los arbustos, gatos por todos los lados, gorgoteo, crujidos de las ramas, grillos haciendo su ruido pesado, pájaros moviéndose en los árboles y plantas comunicándose. Se veía bien y la luna era casi llena. No había nubes, pero sí había muchos mosquitos que nos atacaban sin cesar.

Llegamos hasta el centro del lago y dejamos las bicis en el hierba alta al lado de un árbol. Boki extendió la manta en el suelo y sacó un bote vacío con una vela gorda dentro y unas cerillas. Me pareció magnífico la luz de la vela que se mezclaba con la luz blanca de la luna, los sonidos de la noche y el hecho de estar aquí sola con Boki, por la noche, en una aventura totalmente diferente de todo vivido a lo largo de mi vida.

Crees que vendrán?”, me preguntó.

Las hadas?”

Sí.”

Puede ser”, dije simplemente y miré alrededor. Pensé que podían aparecer en cualquier momento, traernos la miel. Intenté escuchar si se oía el tilín o alguna voz baja. Pero no noté nada fuera de lo que representa la vida abundante de la naturaleza en el lago.

¿Quieres que nos vayamos a buscarlas?”, me preguntó Boki con una voz llena de emociones.

Me quedé mirándola y sabía bien que no lo podía resistir, que tenía que empujar los límites, tenía que enseñar que era más aventurera que yo. Además, todo esto fue mi idea. Y el colmo de nuestras aventuras. No podía dejarlo así.

Vete tú a buscarlas”, me oí a mí misma. Dentro de mi ser se derramó algo. Era como un líquido de color azul, espeso y espantoso. Me sentí rígida y sola. Me sentí totalmente fuera de lugar, sabiendo que no había vuelta atrás y que me daba asco a mí misma.

Vete si quieres”, repetí.

Boki se levantó despacio y se oyó el chirrido de la goma de sus botas frotándose una en la otra. Pareció más alta encima de la vela, con la sombra que le daba la luz de la vela en la cara.

Claro que voy. Y las voy a encontrar. Me llevo solo la linterna.”

Con mucha certeza recogió la vela y la manta. Se envolvió en la manta y antes de marcharse, me dijo:

Ten mucho cuidado porque hay algo que no te dije nunca. Las hadas bailan dentro de un círculo de setas por la noche. Si las ves bailando, jamás podrías volver a este mundo. Te atrapan. Además, yo no pienso volver aquí a dormir. Dormiré en el sitio en el que las encuentre.”

Se dio vuelta, encendió la lámpara y se fue. Me quedé en el suelo, con la vela y con la otra lámpara en la mano. El líquido azul goteaba en mi interior. Me di cuenta que no había manera de moverme, me quedé congelada. No tengo la noción cuánto tiempo pasó desde que se fue Boki. Miré hacia la luna y alrededor de mí. Todo que me rodeaba de repente obtuvo un aspecto distinto, como si tuviera una capa de terciopelo por encima. La hojas se hicieron jugosas, notaba el agua y su movimiento, oía el sonido de los peces gordos retorciéndose en la profundidad. Es como si de repente me hice una con el lago, noté las palpitaciones de la tierra y de la noche. No puedo decir si estaba asustada o no, es como si hubiera madurado. Tenía el sentimiento de llegar hasta una profundidad nunca antes vista. Con el reojo me pareció ver luces al lado del árbol donde dejamos las bicis. Eran unas luces poco intensas, pero vibraban. Si intentaba verlas mirando directamente hacia el árbol, desaparecían. Pasé mucho tiempo experimentado con esas luces que vibraban, intentaba verlas mejor, notarlas. En un momento, vi como se acercaba un gato pardo. Iba directamente hacia el árbol, fijándose en las luces y después desapareció detrás o dentro del árbol, no sabría decirlo.

Tengo que admitir que no me preocupaba por Boki. Estuve tan embrujada con las luces que se me olvidó de ella. Decidí gatear y acercarme hasta el árbol. Noté el rocío el las manos y en las rodillas, gateé hasta allí y me paré al ver un círculo debajo del árbol, al lado de un arbusto con un fruto rojo y redondo. De nuevo gateé hasta el bote con la vela, lo cogí y lo llevé hasta el círculo hecho de los pedruscos. Cada pedrusco tenía un agujero redondo y eso me pareció llamador. Puse la vela dentro de ese círculo.

No me acuerdo de nada más de esa noche menos de haber visto muchas luces de muchos colores, pero no sabría decir dónde las vi y si en algún momento me alejé de ese círculo. Eran unas luces intensas, mágicas y llenas.

Me desperté totalmente empapada del rocío mañanero, en el suelo, con una piedra en la mano. Vi que ensucié el pantalón y me acordé que gateé hasta allí. Todavía tenía las rodillas totalmente empapadas y verdes de los jugos de las hierbas. Había dentro de mí un rastro de un conocimiento mágico, algo que no llegaba a comprender, pero sí lo intuía, algo que luego en ningún momento de mi vida me abandonó. Se podría decir que era una materia, una especie de tejido nuevo, incorporado dentro de mi ser de antes. Ese tejido luego me ayudó a notar y sentir gente, situaciones, sueños. Era algo bastante básico, algo que a lo mismo siempre estaba dentro, pero no sabía como darle vida. Me levanté todavía sosteniendo la piedra en la mano y me dirigí hacia la otra orilla. Sabía exactamente por dónde ir aunque no entendía por qué iba por allí. Todavía en ningún momento me acordé de Boki ni pensé en ella. Anduve por el brezal en la otra orilla hasta llegar al borde de una especie de laguna que conocía de antes, pero no solía ir a menudo hasta allí.

Me paré en la tierra todavía firme, pero muy húmeda y barrosa. Encima del agua había una especie de niebla gris que se despejaba poco a poco. Hacía fresco y olía a plantas y agua. No había mosquitos, se oían las ranas y el burbujeo constante del agua.

En una esquina de la laguna primero vi un mechón de pelo largo y luego más a la izquierda, detrás de un junco, a Boki. Flotaba boca abajo con el pelo suelto alrededor de su cuerpo. Se veían sus botines de goma, las manos que se sumergían de vez en cuando debajo del agua. La imagen entera parecía una visión, una fotografía de algún libro antiguo. Parecía bella y eterna, un hada del lago con la luz vibrante. Había un silencio impenetrable encima de su cuerpo.

Han pasado muchos años y muchas mañanas desde entonces. Todos los días cuando me despierto, palpito dentro de mi interior para asegurarme que el tejido se encuentra todavía dentro de mí. La veo flotando enfrente de mí.

 

No comments:

Post a Comment